Jim Shepard reading from THE QUEEN OF BAD INFLUENCES, in conversation with Gary Zebrun
Jim Shepard leyendo LA REINA DE LAS MALAS INFLUENCIAS, en conversación con Gary Zebrun
Twelve compressed masterworks from this great American writer of catastrophe fiction, in which lives are upended as much by broken hearts as by collapsing dams, hideously mismanaged wars, gargantuan wildfires, and apocalyptic storms
“Jim Shepard is a fantastic writer—compassionate, funny, and fearless—[whose work] does what great writing always does: inspires us to look more closely at life, and be more caring.” —George Saunders
“A deft, audacious artist.” —Norman Rush, National Book Award-winning author of Mating
In Richard Ford’s view, Jim Shepard’s “talent is so various and canny he can write about seemingly anything and make it thrilling to us,” and in these stories spanning six centuries we find viscerally evoked worlds as wildly diverse as a mercenary’s corner of 16th century Madrid, a young apprentice’s pre-Revolutionary Boston, and Edward Hyde’s London. With civil engineers and destitute veterans we encounter the devastating 1935 Labor Day hurricane in Florida, and we read the 1864 letters between Lucy in Boon, North Carolina (“Three privates are currently sleeping soundly on our porch in their muddy blankets”) and her great love, William, on the march in Tennessee (“I can’t write much for it seems we are looking for a fight every minute”), while the title story introduces us to the stubborn Constance, who had “no gift for flirtation” with men, preferring Minna, her best friend and “queen of bad influences,” as their vexed devotion unfolds in part on the liner Lusitania.
With irony, compassion, and withering humor, these stories evoke the terrible ease with which cataclysm, human-engineered or otherwise, can sweep away all we find most precious, and expose those limitations we’ve refused to address. At the same time, Shepard celebrates what is best in us: the love and friendships we sustain, and the passions and grace we grant one another.
Doce obras maestras comprimidas de este gran escritor estadounidense de ficción catastrófica, en las que las vidas se trastocan tanto por corazones rotos como por presas colapsadas, guerras horriblemente mal gestionadas, incendios forestales gigantescos y tormentas apocalípticas
“Jim Shepard es un escritor fantástico—compasivo, divertido y valiente—[cuya obra] hace lo que siempre hace la gran escritura: nos inspira a mirar más de cerca la vida y a ser más comprensivos.” —George Saunders
“Un artista hábil y audaz.” —Norman Rush, autor ganador del National Book Award de Mating
En la opinión de Richard Ford, el “talento es tan variado y astuto que puede escribir sobre aparentemente cualquier cosa y hacerla emocionante para nosotros” de Jim Shepard, y en estas historias que abarcan seis siglos encontramos mundos evocadamente viscerales tan diversos como el rincón de un mercenario en el Madrid del siglo XVI, el joven aprendiz en el Boston pre-Revolucionario y el Londres de Edward Hyde. Con ingenieros civiles y veteranos indigentes encontramos el devastador huracán del Día del Trabajo de 1935 en Florida, y leemos las cartas de 1864 entre Lucy en Boon, Carolina del Norte (“Tres soldados rasos están durmiendo plácidamente en nuestro porche con sus mantas embarradas”) y su gran amor, William, en la marcha en Tennessee (“No puedo escribir mucho porque parece que estamos buscando pelea cada minuto”), mientras que la historia que da título nos presenta a la obstinada Constance, que “no tenía don para la coquetería” con los hombres, prefiriendo a Minna, su mejor amiga y “reina de las malas influencias”, mientras su devoción conflictiva se desarrolla en parte en el transatlántico Lusitania.
Con ironía, compasión y un humor mordaz, estas historias evocan la terrible facilidad con la que el cataclismo, sea provocado por el hombre o no, puede arrasar con todo lo que consideramos más preciado y exponer esas limitaciones que nos hemos negado a enfrentar. Al mismo tiempo, Shepard celebra lo mejor de nosotros: el amor y las amistades que sostenemos, y las pasiones y la gracia que nos otorgamos mutuamente.
